¿Qué es el déficit cuasifiscal y cómo nos afecta?

Transcripción de un artículo de Economipedia por considerarlo de interés

¿Qué es el déficit cuasifiscal y cómo nos afecta?

 13 de octubre de 2021

A medida que los Gobiernos aplican planes de estímulo para salir de la crisis oímos que los medios de comunicación hablan de cómo se está disparando el déficit fiscal. Pero, ¿es éste el único déficit que tiene el Estado? ¡Conozcamos el déficit cuasifiscal!

En realidad, revisando y dando un paseo a través de la ciencia económica vemos que ésta nos dice que no. Pues existe otro tipo de déficit, que llamamos cuasifiscal, y que puede ser tanto o más importante que el contenido en los presupuestos.

¡Veámoslo en nuestro análisis!

¿Qué es el déficit cuasifiscal?

«El resultado que genera la actividad de los bancos centrales tiene un impacto sobre el patrimonio del Estado, ya sea para bien o para mal

¡Veamos algunos ejemplos!

La experiencia dominicana

«El coste de la devolución de la deuda generada por el déficit cuasifiscal será elevado, nada menos que un 0,6 % del PIB cada año

Entre 2002 y 2004, el Banco Central de República Dominicana (BCRD) llevó a cabo una política muy decidida de esterilización monetaria. Es decir, una serie de operaciones de mercado dirigidas a reducir la cantidad circulante de moneda local. Ello, con el objetivo de contener su devaluación y el incremento de los precios. Para conseguirlo, uno de sus instrumentos preferidos fue la emisión de deuda, mayoritariamente en títulos a corto plazo y con tasas de interés que podían llegar hasta el 60 %. En esa decisión también influyó el rescate de algunas de las principales entidades bancarias del país, que acentuó las necesidades de recursos de las autoridades monetarias dominicanas.

La idea era sencilla: el BCRD emitía títulos de deuda por los que los inversores entregaban moneda local. Al hacerlo, las autoridades monetarias dejaban ese dinero fuera de circulación, reduciendo así la base monetaria de la economía. La ventaja de esta estrategia es que cuando esos títulos vencían, el BCRD siempre podía devolverlos con nuevas emisiones de deuda, empleando la técnica del rollover que hemos explicado en publicaciones anteriores.

De esta manera, la devolución de la deuda se podía hacer con dinero que ya estaba circulando. Gracias a ello, el dinero simplemente pasaba de unas manos a otras y no volvía a crecer el volumen total de la base monetaria.

El problema de esta política es que si bien la devolución del capital principal de estos títulos podía posponerse indefinidamente con el rollover, los intereses sí debían pagarse todos los años. De hecho, el monto total de los intereses a pagar por el BCRD llegó a generar un déficit cuasifiscal del 4 % del PIB en 2004.

Desde entonces, los Gobiernos que se han sucedido en el país caribeño han intentado diferentes estrategias para resolver el problema. En 2007 se aprobó una ley para que el Tesoro aportara recursos al BCRD y, así, reducir gradualmente su deuda. No obstante, el proyecto fracasó, pues la crisis de 2008 golpeó a la economía dominicana y llevó al Gobierno a incurrir en un grave déficit fiscal. Motivo por el que esas aportaciones de capital no llegaron a realizarse en la cuantía estimada.

En 2020, el Gobierno dominicano pactó con las autoridades monetarias una nueva estrategia. La idea es separar esa deuda del balance del BCRD, creando un fideicomiso para gestionarla. En ese periodo, por supuesto, está previsto reiniciar las transferencias de dinero desde el Tesoro, con el fin de garantizar los vencimientos de deuda que vayan teniendo lugar.

El coste de esas aportaciones del Gobierno es considerable, ya que se estiman en un 0,6 % del PIB cada año.

Argentina: Un problema de difícil solución

«La emisión de Lebac llegó a niveles tan altos, que su volumen total superaba el 100 % de la base monetaria a mediados de 2018

Algo similar a lo sucedido en República Dominicana ha ocurrido en Argentina, aunque este caso quizás sea más complejo de analizar.

En el año 2002, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) intentó estabilizar la cotización del peso. Para ello, buscó reducir la base monetaria a través de la emisión de unos títulos de deuda llamados Lebac. Este instrumento se usó con intensidad entre los años 2002 y 2003, aunque en el periodo comprendido entre los años 2004 y 2016, su utilización fue bastante más puntual.

Hasta aquí tenemos un caso muy parecido al de República Dominicana.

Ante un contexto de devaluación y aumento de precios, el banco central emite deuda y retira del circuito económico el dinero que recibe por ella. De esta manera, se reduce el exceso de oferta en el mercado monetario y, al menos temporalmente, se calman los mercados. El problema es que, a partir de este punto, la historia se complica mucho más.

Lebac Argentina

Como podemos observar en la gráfica superior, las Lebac se habían utilizado poco hasta 2016. Primero porque había un boom de materias primas. En este sentido, Argentina exportaba mucho más de lo que importaba, y, con ello, las reservas del BCRA no paraban de crecer. Con estos recursos, no había demasiados problemas para pagar los intereses que estos títulos exigían cada año.

En 2008 se cortó el ciclo alcista de las materias primas y, a partir de entonces, las reservas empezaron a reducirse. La inflación volvió a crecer y el peso a devaluarse, pero el Gobierno no consideró afrontar estos problemas aplicando una esterilización monetaria. En su lugar, aplicó políticas alternativas, como controles de precios y restricciones en los mercados de divisas; las cuales, en general, contaron con muy poco éxito.

El cambio de Gobierno a finales de 2015 trajo consigo un giro en la política monetaria, volviendo a dar prioridad a la acumulación de reservas y a la lucha contra la inflación. Por este motivo, el BCRA volvió a hacer un uso intenso de las Lebac, ya que entre los años 2016 y 2017 se vivió una entrada masiva de dólares en el país que, al convertirse en pesos, volvían a hacer crecer la base monetaria.

La emisión de Lebac llegó a niveles tan altos, que su volumen total superaba el 100 % de la base monetaria a mediados de 2018. La realidad es que su utilización no consiguió que Argentina volviera a registrar tasas bajas de inflación, pero no debemos olvidar que, en ello, también han influido otros factores como el déficit fiscal. En cualquier caso, es difícil estimar cuál hubiera sido el nivel de inflación si esta política no se hubiera llevado a cabo.

En 2018, el panorama internacional se oscureció. Principalmente por la caída del precio de las materias primas, pero también por la subida de tipos de interés en Estados Unidos. Todo ello redujo la entrada de divisas y propició una fuga de capitales, a la vez que provocó que el peso volviera a depreciarse, por lo que ya no había un exceso de dólares que afrontar con las Lebac.

Se decidió, entonces, ponerles fin. El motivo era muy sencillo: el coste de mantener esa deuda, con tasas de interés que llegaban a alcanzar el 57 %, y vencimientos a muy corto plazo, resultaba demasiado elevado para el Estado.

Sin embargo, la estrategia elegida fue sustituir estos títulos por otros similares, llamados Leliq.

Lo cierto es que, desde entonces, el stock de deuda del BCRA no solo no se ha reducido, sino que se ha casi triplicado desde finales de 2018. El principal motivo es que, con un déficit fiscal financiado, en parte, con emisión monetaria, los mercados tienen un exceso de pesos que se intenta absorber con estos títulos.

¿Qué podemos aprender de todo esto?

«A veces, las malas decisiones en materia de política monetaria pueden acabar potenciando los problemas que, precisamente, buscaban resolver

El coste acumulado derivado de los intereses de los Lebac, Leliq y otros títulos de deuda emitidos por el banco central en Argentina ha sido tan alto en los últimos años, que para afrontarlo se ha tenido que recurrir a imprimir dinero, contradiciendo así el propósito para el que fueron creados, de reducir la base monetaria.

Además, suponen un inmenso coste de oportunidad para la economía del país, ya que absorben una parte del ahorro que, de otra manera, hubiera permitido financiar el consumo y la inversión en el sector privado. Este efecto de desplazamiento de la inversión privada, llamado en economía «crowding out«, ha llegado a niveles nunca vistos en Argentina desde la crisis de 2001.

Credito Argentina

De hecho, como podemos observar en la gráfica superior, en julio de este año el sector público absorbe el 59,56 % del crédito total en la economía. Si comparamos estos números con diciembre de 2020, las cifras son aún peores, ya que del crédito nuevo generado este año, el 75,90% va dirigido a financiar al Estado.

La principal lección que podemos sacar de lo ocurrido en República Dominicana y Argentina es que las malas decisiones en materia de política monetaria pueden acabar potenciando los problemas que, precisamente, buscaban resolver. Pues no subestimemos el efecto cobra y las palabras de Thomas Sowell, en las que hacía alusión a la medición de la política por su impacto en la sociedad y no por la intencionalidad con la que fue aplicada dicha política. Pero no solo eso, sino que, también, estas decisiones podrían estrangular el crédito al sector privado, poniendo trabas a la inversión y lastrando la productividad.

Podemos decir, por tanto, que el déficit cuasifiscal, aunque contablemente esté separado del que presenta el Gobierno, puede acabar condicionando al conjunto de la economía. La razón es que si el déficit cuasifiscal es demasiado elevado y los bancos centrales comienzan a ver que sus reservas corren peligro, los Gobiernos se ven obligados a hacerse cargo del problema.

Como es natural, esto puede implicar decisiones impopulares como subir impuestos o desviar recursos de otras áreas del Estado para cubrir ese déficit.

Por ello es especialmente importante que, cuando analizamos las perspectivas económicas de un país, no solamente prestemos atención a lo que hace su Gobierno. A veces, como hemos visto en repetidas ocasiones, los errores de un banco central pueden desestabilizar la economía, incluso si el Gobierno mantiene sus cuentas en orden. De igual manera que, tantas veces, hemos oído hablar sobre la importancia de la disciplina fiscal, quizás deberíamos recordar que la disciplina monetaria es igual de importante para nuestras economías y su bienestar.

¿Por qué faltan trabajadores?

artículo transcripto por considerarlo de interés

¿Por qué faltan trabajadores?

Fuente Economipedia
29 de septiembre de 2021
 18:26
  Federico J. Caballero Ferrari
 Lectura: 9 min

Principalmente, porque la pandemia ha destruido millones de empleos y muchos de los trabajadores que han perdido su puesto de trabajo todavía están desempleados. Las cifras son difíciles de calcular, pero las estimaciones al respecto son contundentes: según un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), a lo largo de 2020 se habrían destruido unos 255 millones de puestos de trabajo a tiempo completo en todo el mundo.

Así, nos preguntamos: ¿Cómo podemos entender esta paradoja? ¿Cómo es posible que haya empresas que no consiguen trabajadores y, a la vez, desempleados que no encuentran oportunidades para trabajar? ¡Veámoslo!

¿Por qué faltan trabajadores?: La gran paradoja

«La recuperación del mercado laboral convive con tasas de desempleo que siguen por encima de los niveles de 2019

En julio de este año, la escasez de trabajadores en Estados Unidos llegaba a su punto máximo en la serie histórica, con casi 11 millones de vacantes sin cubrir. En Reino Unido, el instituto estadístico oficial ONS alertaba este verano de casi 1 millón de empleos disponibles solamente en el sector servicios, la cifra más alta de todo el siglo. Si hablamos del caso de China, el

Principalmente, porque la pandemia ha destruido millones de empleos y muchos de los trabajadores que han perdido su puesto de trabajo todavía están desempleados. Las cifras son difíciles de calcular, pero las estimaciones al respecto son contundentes: según un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), a lo largo de 2020 se habrían destruido unos 255 millones de puestos de trabajo a tiempo completo en todo el mundo.

Así, nos preguntamos: ¿Cómo podemos entender esta paradoja? ¿Cómo es posible que haya empresas que no consiguen trabajadores y, a la vez, desempleados que no encuentran oportunidades para trabajar? ¡Veámoslo!

¿Por qué faltan trabajadores?: La gran paradoja

«La recuperación del mercado laboral convive con tasas de desempleo que siguen por encima de los niveles de 2019

Pongamos, antes de nada, algunas cifras encima de la mesa.

En julio de este año, la escasez de trabajadores en Estados Unidos llegaba a su punto máximo en la serie histórica, con casi 11 millones de vacantes sin cubrir. En Reino Unido, el instituto estadístico oficial ONS alertaba este verano de casi 1 millón de empleos disponibles solamente en el sector servicios, la cifra más alta de todo el siglo. Si hablamos del caso de China, el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) también ha señalado la falta de trabajadores como uno de los grandes desafíos que deberá afrontar el gigante asiático en las próximas décadas; especialmente si quiere mantener su ritmo de crecimiento.

Ahora bien, no debemos olvidar que en estas grandes economías, y también en otras más modestas, la recuperación del mercado laboral convive con tasas de desempleo que siguen por encima de los niveles de 2019. Incluso en Estados Unidos, una de las economías que se ha recuperado a mayor velocidad, el desempleo en agosto afectaba al 5,2 % de la población activa, aún lejos del mínimo histórico del 3,5 % alcanzado poco antes de la pandemia.

Dicho esto, vamos a centrarnos en lo que ha ocurrido en la mayor economía del planeta, pues su ejemplo puede ayudarnos a entender lo que está pasando también en el resto del mundo.

Las cifras del crecimiento

«La tendencia es generalizada, pero se observa un especial crecimiento en sectores como la industria, la construcción, el comercio, la salud y el ocio

Como podemos observar en la gráfica que se muestra a continuación, en 2018 y 2019 el número de puestos de trabajo sin cubrir en Estados Unidos era muy similar al de desempleados; incluso ligeramente superior.

En 2020, por el contrario, vemos un fuerte aumento del desempleo, acompañado de un estancamiento de la demanda de trabajo por parte de las empresas. Un dato que nos puede ayudar a entender el incremento histórico de la desocupación que tuvo lugar ese año.

Faltan Trabajadores1

En 2021, con una economía impulsada por la reapertura de muchos sectores y por las políticas de expansión monetaria de la Reserva Federal (FED), los datos recogen un rápido crecimiento de la demanda de trabajo. Una tendencia que, como podemos observar, contagia a todos los sectores, pero es especialmente evidente en la industria, la construcción, el comercio minorista, la salud y el ocio.

Afortunadamente, este mayor dinamismo económico ha tenido un impacto positivo sobre el desempleo, reduciendo –en unos 3 millones– el número de parados entre enero y julio de este año. Sin embargo, como podemos observar también, el crecimiento sigue siendo insuficiente para volver a las cifras de pleno empleo del último trimestre de 2019.

¿Hay que pagar más a los trabajadores?

«El coste de mantener a un trabajador promedio está creciendo más rápido que el producto que este empleado puede ofrecer a su empresa

Se trata por tanto, sin duda, de un problema muy complejo, y como es natural en economía, podemos encontrar diferentes explicaciones al respecto.

Una de las más sencillas es que los empresarios todavía ofrecen salarios relativamente bajos, quizá condicionados por la incertidumbre que aún predomina en algunos sectores.

Según este punto de vista, el estancamiento de los salarios puede ser un freno para que muchos desempleados vuelvan al mundo laboral. Recordemos que con una inflación que vuelve a encarecer el coste de vida, se reducen los incentivos a aceptar salarios bajos, especialmente si existen vías alternativas para obtener ingresos, como los programas estatales de subsidios.

El pasado 25 de junio, Joe Biden se mostró claramente a favor de esta hipótesis. Preguntado en una rueda de prensa sobre la preocupación de los empresarios por la dificultad para encontrar trabajadores, el presidente de los Estados Unidos respondió con una sencilla recomendación: «¡Pagadles más!»(Pay them more!).

Faltan Trabajadores2

Sin embargo, como podemos observar en la gráfica superior, los empresarios llevan casi dos años pagando más a sus trabajadores (al menos en promedio). Si analizamos la evolución del coste laboral, vemos un fuerte incremento desde el último trimestre de 2019, creciendo a más velocidad que la productividad por hora trabajada.

Se trata de un dato muy importante a tener en cuenta, porque puede ser un indicador de que el coste de mantener a un trabajador promedio está creciendo más rápido que el producto que este empleado puede ofrecer a su empresa. En el mercado laboral, podemos encontrar situaciones de este tipo en contextos de expansión económica y reducidas tasas de desempleo, donde las empresas siguen demandando empleo, pero no hay oferta suficiente. Como resultado de esto, aumenta el precio del factor trabajo, es decir, el salario.

Hasta aquí podemos estar de acuerdo con esta argumentación, pero el problema es que no es consistente con la persistencia de más de 8 millones de desempleados.

En otras palabras, el nivel supuestamente bajo de los salarios no puede explicar un nivel tan alto de desempleo, pues los empresarios pagan cada vez más a sus trabajadores y, aún así, muchas personas siguen fuera del mercado laboral.

De la misma forma, tampoco explica por qué en algunos estados se ha duplicado el salario mínimo y, sin embargo, ello no ha servido para incentivar el empleo.

Una época de cambios

«Es posible que muchos cambios en los hábitos de consumo hayan llegado para quedarse, y como es lógico, la producción de bienes y servicios debe adaptarse a lo que quieren los clientes

En los inicios de la pandemia, ya advertíamos de que cuando hay un shock de oferta lo suficientemente fuerte sobre una economía, es prácticamente imposible apostar por una recuperación basada en volver a la situación inicial.

Ocurrió en Irlanda en el siglo XIX y en casi todas las crisis preindustriales. El ejemplo quizás pueda parecernos lejano, pero, en esencia, se trata de situaciones de crisis desencadenadas por la irrupción de un factor externo (sanitario, climático, etc.) que impide que buena parte de los agentes económicos lleven a cabo su actividad y, como consecuencia, sufre la economía en su conjunto.

Ante crisis económicas de esta naturaleza, las sociedades pueden reaccionar de dos maneras: intentar restaurar la situación inicial o, alternativamente, adaptarse a los cambios y reasignar recursos, introduciendo en el reparto las nuevas oportunidades que ofrece el mercado. En el primer caso no hay nada que pueda impedir la llegada de otra crisis igual en el futuro, mientras que en el segundo se reducen las posibilidades de que esto ocurra.

A lo largo de la pandemia hemos visto numerosos ejemplos de empresas que cambiaban de acuerdo a la nueva coyuntura, no solamente aplicando el teletrabajo, sino también adaptando la oferta de servicios a sus clientes. De esta manera, hemos visto cómo las pymes se lanzaban a anunciarse en internet, los restaurantes repartían comida a domicilio o los bancos reforzaban sus plataformas online. Todos ellos, cambios que no solamente podrían responder a un contexto concreto, sino que, en ocasiones, podrían indicar cambios permanentes en las preferencias de los consumidores.

Dicho de otra manera, es posible que muchos cambios en los hábitos de consumo hayan llegado para quedarse y, como es lógico, la producción de bienes y servicios debe adaptarse a lo que quieren los clientes. Esto no significa que el empleo total de cada sector deba cambiar, pero sí podría variar la carga de trabajo que corresponde a cada tarea.

Podemos entender este fenómeno observando lo que está ocurriendo en los bares y restaurantes, que en muchos casos emplean menos camareros, pero más repartidores de comida a domicilio. Algo similar podemos decir de la banca, que cada vez requiere menos personas en atención presencial y más en proyectos de digitalización.

A esto podemos sumar el efecto de las políticas de expansión monetaria, destinadas a estimular la inversión y el consumo de bienes duraderos en Estados Unidos.

Debemos tener en cuenta que, además de generar inflación, estas políticas suelen provocar desajustes en el mercado laboral, ya que al impulsar en muy poco tiempo la demanda de bienes en los sectores más beneficiados, crece también la demanda de trabajo en esas actividades. No es casualidad que esto ocurra al mismo tiempo que aumentan los precios de las materias primas, como consecuencia de los «cuellos de botella» que estas políticas suelen generar en los procesos productivos.

El problema, por tanto, es que si se acaba demandando mucho más trabajo del empleado en años anteriores, es probable que no haya capital humano suficiente para cubrir los nuevos puestos de trabajo. Es el caso, por ejemplo, de la construcción y algunos sectores de la industria, motivo por el cual algunos empresarios estadounidenses decidieron (con poco éxito) trasladar esta preocupación a su presidente.

El desafío de reconvertirse

«Hoy, millones de trabajadores se enfrentan al desafío de adaptar el capital humano que pueden ofrecer a las nuevas necesidades de las empresas

Como consecuencia de todo esto, podemos decir que la paradoja que viven las empresas que no encuentran trabajadores y los desempleados que no encuentran oportunidades se debe, sobre todo, a un desajuste del mercado laboral, un desajuste entre la oferta y la demanda. En otras palabras, muchas personas que han perdido su empleo tienen habilidades y conocimientos que ya no son tan demandados en el mercado y, por el contrario, las empresas están buscando perfiles que no siempre abundan.

Es importante tener en cuenta este desajuste, pues también nos permite evaluar la efectividad de las políticas económicas. La explicación es sencilla: si pensamos que el problema son los salarios bajos, políticas como subir el salario mínimo o recortar subsidios podrían aumentar la oferta laboral, y así, las empresas podrían encontrar trabajadores. El problema, entonces, es que si estamos ante un desajuste de oferta y demanda, ninguna de estas políticas podrá funcionar.

Y es que, por mucho que se empeñen los políticos en dar explicaciones simples a problemas complejos, la economía sigue siendo una de las ciencias más complejas del conocimiento humano, y este problema, como cualquier paradoja económica, no es la excepción. Así, la ciencia económica es tan compleja como el desafío al que se enfrentan hoy millones de trabajadores, que se ven obligados a reconvertirse, cambiar de actividad, adquirir nuevos conocimientos e intentar volver al mercado laboral, todo esto, mientras las preferencias del consumidor cambian a cada minuto.

Un reto histórico para aquellos a los que nos ha tocado vivir en el siglo XXI, y que, como siempre, explicamos en detalle en Economipedia.

Adiós banca tradicional, adiós

Reproducimos este artículo de Economipedia para que pueda ser leído por nuestros socios de la Cámara por 
considerarlo de interés. Tiene un tono un poco jocoso pero una visión muy interesante del futuro de los bancos

Adiós banca tradicional, adiós

fuente Economipedia

¿Os gustan las películas de zombis? Esas en las que un zombi muerde a una persona normal y la convierte en otro comedor de cerebros hambrientos en una carrera sin fin.

En la mayoría de esas películas no se pregunta a los zombis si saben que son zombis, probablemente porque casi nunca son capaces de hablar coherentemente, pero seguramente no sabrían que se han transformado y que ya no son humanos.

a banca tradicional está viviendo el mismo proceso, ha sido mordida no una sino tres veces y la han transformado irremediablemente en un muerto sin voluntad propia, aunque no sea consciente de ello.

Las tres mordeduras fatales se las han dado la regulación, las fintech y el cambio generacional. Las tres se retroalimentan e interrelacionan entre sí para poco a poco ir comiéndose los servicios y productos que los bancos han ofrecido tradicionalmente al mercado en exclusiva.

Primera mordida: La regulación financiera

La regulación financiera, cuyo máximo exponente sería Basilea III, pretende un sistema financiero más sano, fuerte y estable para que no sucedan crisis financieras como la de 2008.

El problema es que, al mismo tiempo, las limitaciones que imponen a la banca para que sean más seguras, les impide adaptarse a los nuevos tiempos. Y nunca ha habido tiempos más rápidos y cambiantes que los actuales.

Ojo, la regulación no es mala en sí misma, dependerá mucho de cómo esté enfocada e implementada, pero como todo en esta vida, los excesos son malos y acaba siendo peor el remedio que la enfermedad.

Adicionalmente, la propia banca en un intento de ser el alumno más aventajado de la clase, se auto impone regulaciones internas de control que limitan aún más su capacidad de actuación.

Segunda mordida: Las fintech

Las fintech han tenido y seguirán teniendo el impacto más visible y directo en el fin de la banca tradicional como la conocemos. Cada día aparece una nueva empresa que se especializa en un producto o servicio de la banca, pero haciéndolo mejor, más rápido y más barato.

Las empresas de crowdfunding y crowdlending les quitan el negocio del crédito a los bancos tradicionales. Las pasarelas de pago como Paypal se llevan el proceso de pagos entre los clientes. Compañías emblemáticas como VISA, Mastercard o más recientemente N26, Revolut u otras, van copando todo el negocio de las tarjetas de crédito. Y podríamos seguir así con todas las fuentes de ingresos de la banca tradicional.

Los seguros, el brokerage, el asesoramiento financiero o incluso los depósitos, dónde las estrategias de generación de rendimiento con las criptomonedas empiezan a ser una alternativa para los depósitos a plazo, están siendo dominadas cada vez más la nueva banca digital.

La última mordida: el cambio generacional

¿Hace cuánto que no vais a una oficina bancaria? Y lo que es peor, ¿para qué iríais a una oficina bancaria? Probablemente las respuestas sean por obligación o porque no quede alternativa. Eso es un cambio exponencial respecto a la generación anterior que le gustaba ir a la oficina física y tener un trato personal directo.

Los bancos obviamente lo saben y reaccionan tratando de imitar a las fintech, cierran de manera masiva oficinas y las que mantienen las modifican para que la experiencia de usuario sea más dinámica y veloz.

En paralelo, ponen todos sus esfuerzos en que su oferta de valor se asemeje lo más posible a las nuevas empresas financieras. Lamentablemente, para ellos, la brecha tecnológica y la brecha en la cultura empresarial no son fáciles de salvar ni siquiera con grandes inyecciones de capital.

Las fintech son por naturaleza empresas más pequeñas y, por tanto, más ágiles y rápidas. Además, han sido muy inteligentes en su ataque a los grandes bancos, no pretenden sustituirlos sino hacer mejor lo que ellos hacen.

¿Google o Amazon serán los nuevos bancos?

¿Os acordáis cuando decían que Amazon, Facebook o Google iban a convertirse en bancos por las enormes bolsas de liquidez que tienen? No lo han hecho ni lo harán porque el negocio general de los bancos es muy poco rentable y sobre todo porque no lo necesitan.

Todas las empresas de la nueva banca que hemos comentado se aprovechan de los bancos para desarrollar sus servicios. Utilizan las cuentas corrientes que ya existen y la infraestructura bancaria tradicional para pivotar sus productos y servicios sin tener que invertir en replicar esas estructuras.

Incluso eso está cambiando rápidamente y cada vez los necesitan menos, como muestran la tecnología blockchain y la corriente de las finanzas descentralizadas.

La cultura empresarial es un clavo adicional en el ataúd de los bancos tradicionales, ya que sus estructuras internas son lo más parecido a un ministerio anquilosado y obsoleto.

Demasiados años haciendo lo mismo y de la misma forma, hacen muy complicado que los bancos vean otra manera de hacer su trabajo y entregar valor a sus clientes. Al final, si solo tienes un martillo en tu caja de herramientas, todo lo que ves a tu alrededor te parecen clavos.

Y entonces, ¿es el final de los bancos tradicionales?

El fin de la banca tradicional como la conocemos no significa que sea el fin de todos los bancos comerciales que existen en la actualidad.

No parece realista asumir que todos vayan a ser reemplazados por las fintech, sobre todo porque ninguna empresa de la nueva banca va a querer ocuparse del necesario e imprescindible negocio fiduciario: el depósito y custodia del dinero de sus clientes.

El escenario más probable es la coexistencia temporal entre ambos modelos al tiempo que la banca tradicional se va consolidando y haciéndose aún más tradicional al quedarse con el negocio más básico y de menor valor añadido para los clientes.

Los zombis al final van a poder coexistir con los humanos, pero pasando mucha hambre.

Programa 48: Nos visita para hablar de la Central de Riesgo, el Presidente de BICSA Pedro Espínola Vargas Peña y el gerente general Christian Mendoza

Presentacion para socios de la Cámara de software para administracion del Call Center

   Días pasados la Cámara ofreció vía virtual ,   la presentación del software ORION para administración de Call Center para los socios.

Participaron de la presentación ejecutivos de TEISA, de CYT firma encargada del software con sede en Argentina y socios de la Cámara

Dicho software puede ser ejecutado en la nube de TEISA lo cual permite economizar los costos. La funcionalidad e información del software lo hace muy adecuado para diferentes tamaños de organizaciones permitiendo la omnicanalidad, KPI´s de gestión customizables, supervisión en línea,  monitoreos y multiples reportes entre otras características .

Al final de la charla,   TEISA procedió al sorteo de numerosos premios, entre los participantes al evento.

 

 

Programa 46 : Nos visita Diego Oddone Vicepresidente asuntos estratégicos de la U.I.P.

https://fb.watch/83zLPP6nDq/

Tema de actualidad : Que es el Tapering?

Yago Montero Castellanos, Andrés Sevilla Arias (14 de noviembre, 2013).
Tapering. Economipedia.com

Cuando se habla de tapering en finanzas, se hace referencia a la disminución gradual de las medidas extraordinarias de política monetaria expansiva tomadas por los bancos centrales tras una crisis económica.

Este término es muy reciente en el vocabulario financiero, “taper” en inglés significa disminuir y el uso de esta palabra en finanzas es fiel a su original significado.

inicialmente utilizada para hablar de las retiradas de estímulos monetarios de la FED en 2013, aunque posteriormente se fue utilizando también para hacer referencia a la disminución de políticas monetarias expansivas por cualquier banco central.

De hecho, la realidad es que es un concepto originariamente utilizado en entrenamiento deportivo. El tapering en el deporte hace referencia a la disminución del volumen de entrenamiento. En el mundo del running, el objetivo del tapering es reducir la carga de entrenos para llegar en condiciones óptimas a la competición. Que nuestros músculos lleguen preparados pero descansados. Lo mismo ocurre en economía, la idea del tapering es ir reduciendo los estímulos monetarios para que el mercado se vaya adaptando sin cambios bruscos que le hagan perder el rumbo.

En concreto, el origen de la palabra tapering radica en la reducción de las medidas extraordinarias que tomaron en Estados Unidos contra la crisis de 2008. Por ejemplo, la reducción gradual de compra de bonos por parte del FED (una compra 85.000 millones de dólares mensuales -el famoso quantitative easing).

Dicha compra de bonos también fue una medida aplicada en otros bancos centrales desde el inicio de la crisis de 2008, como el Banco Central Europeo, el banco de Japón o el banco de Inglaterra.

También se aplicaron fuertes estímulos monetarios tras la crisis del covid en el año 2020 por parte de la gran mayoría de bancos centrales del mundo.

¿Por qué se aplica el tapering?

En primer lugar, hay que tener en cuenta que el tapering no se aplica en una situación de normalidad económica. Sino que trata de revertir una situación extraordinaria para paulatinamente ir llevando la economía a la normalidad.

Cuando un banco central aplica medidas de estímulo monetario (políticas monetarias expansivas), para salir de una crisis económica (como por ejemplo la gran recesión de 2008, o la crisis del covid) esto puede provocar distorsiones económicas.

Una de las principales distorsiones económicas y que más miedo da a los economistas, es que aumente la inflación de forma considerable y prolongada en el tiempo. Recordemos que las políticas monetarias expansivas han aumentado la masa monetaria de un país o región, por lo que al haber más dinero en circulación es posible que caiga el valor del dinero y por tanto los precios de los bienes y servicios suban.

Para evitar que los precios se descontrolen (entre otras distorsiones económicas), el banco central debe retirar las medidas de estímulo monetario, es decir, debe comenzar el tapering.

El tapering es un proceso largo, que se extiende en el tiempo y puede durar meses e incluso años. La medidas de política monetaria se van quitando gradualmente a medida que los principales datos de la economía muestran mejoras (aumentos de PIBinflación contenida en torno al 2%, reducciones de paro desempleo).

Se debe realizar de una manera lenta para evitar grandes distorsiones en los mercados financieros. Si el tapering se hiciera demasiado rápido podría ser perjudicial para la economía, ya que eran medidas aplicadas para salir de una crisis económica. Al reducirse la masa monetaria (o realmente aumentarse menos) puede disminuir la liquidez de la economía, reduciendo el crédito que otorgan los bancos e inversores, pudiendo esto a su vez provocar bajadas en los precios de los activos (como las bolsas y los inmuebles). Lo que puede llegar a provocar otra crisis económica.

Sin embargo, si son los estímulos monetarios los que empiezan a causar distorsiones económicas (por ejemplo una inflación elevada y prolongada), el banco central se verá forzado a aplicar el tapering de forma más agresiva, ya que los estímulos monetarios puede estar provocando burbujas económicas, que causen una crisis mayor.

¿Cómo afecta el tapering a los mercados financieros?

Como comentábamos arriba, el tapering consiste en retirar los estímulos monetarios, por lo que es básicamente una reducción de la oferta monetaria, o más bien un menor aumento de la oferta monetaria con respecto al ritmo de aumento que estaba estimulándola anteriormente.

A los mercados, hablando coloquialmente, les interesa que haya más dinero en circulación para que aumenten los precios. Por lo que las medidas de estímulo son bienvenidas, siempre y cuando no lleguen a provocar una burbuja económica, que cause una crisis económica (como pasó con la crisis de 2008 tras los estímulos monetarios de principios de los años 2000 y la burbuja inmobiliaria que crearon).

Por el contrario, el tapering, que supone una reducción de los estímulos, puede tener malas consecuencias para los mercados financieros.

Por ejemplo, tras la crisis de 2008, la FED aumentó su balance desde 1 billón de dólares (trillon dollars) en 2008, hasta los 3 billones de dólares en el año 2013. Esto es porque había ido comprando bonos a lo largo de estos años para «inyectar» dinero en la economía. En esa época estaban comprando 85 mil millones de dólares en bonos cada mes (45 en bonos del tesoro americano y 40 en MBS).

Como dato curioso, la palabra tapering fue utilizada por primera vez por Ben Bernanke el 22 de Mayo de 2013. Ese día se produjo un pánico traducido en severas caídas de las bolsas y aumentos en los rendimientos (yield) de los bonos. Sin duda las palabras del ex-presidente de la Reserva Federal (FED) tuvieron un efecto muy grande en las cotizaciones, al entender el mercado que se iban a reducir gradualmente los estímulos monetarios.

Durante el año, la FED fue posponiendo la decisión de retirar los estímulos. Sin embargo, en Diciembre de 2013, anunció el tapering oficialmente, publicando que reduciría la compra mensual en 10 mil millones de dólares, pasando a comprar 75 mil millones de dólares al mes, en vez de los 85 mil millones anteriores.

El mercado en esta ocasión no reaccionó mal, ya que se vio como una señal de fortaleza, ya que la economía estaba creciendo a muy buen ritmo y el tapering se anunciaba para frenar una posible escalada en los precios o la generación de una burbuja en los activos.

¿Qué es el «rollover» de la deuda pública y por qué los Gobiernos recurren tanto a él?

7 de julio de 2021
 20:32 Federico J. Caballero Ferrari  Economipedia
 Lectura: 9 min

En los últimos años, los países han disparado notablemente su deuda recurriendo a instrumentos como el rollover, pero a su manera. ¿Sabes cual es esta herramienta? ¿Conoces cómo funciona? ¿Sabes por qué los Gobiernos recurren tanto a ella? ¡Veamos!

Las políticas de expansión monetaria y fiscal que están llevando a cabo los distintos Gobiernos en todo el mundo vuelven a poner el foco de atención en un tema nunca olvidado: la deuda pública. El motivo es que, debido a estas políticas, el endeudamiento de muchos Estados ha crecido exponencialmente, lo cual los está obligando a recurrir al rollover.

En líneas generales, podemos decir que los Estados suelen devolver la deuda pública de dos maneras.

La primera, y más evidente, es conseguir un superávit en las arcas públicas, es decir, un nivel de ingresos superior al de gastos. De esta forma, podemos utilizar ese saldo positivo para devolver el capital prestado cuando la deuda llega a su vencimiento. Cabe destacar que este superávit puede conseguirse con ingresos ordinarios (impuestos, tasas, etc.) o extraordinarios (como la venta de patrimonio estatal), o bien recortando gastos en el presupuesto, que conocemos como políticas de austeridad.

Sin embargo, el gran inconveniente del desendeudamiento es que requiere un superávit previo, algo que muchos Estados son incapaces de conseguir. Ya sea por la estructura de gastos e ingresos, por incapacidad de las autoridades o incluso por falta de voluntad política, hay países en los que el déficit público se ha convertido en un problema crónico. ¿Qué hacen estos países para pagar su deuda pública?

La respuesta a esta pregunta es la segunda estrategia que comentábamos para hacer frente al problema que aquí nos ocupa: el rollover.

En realidad, se trata de un recurso tan sencillo como emitir deuda nueva para pagar la antigua. De esta manera, los Estados pueden atender sus compromisos financieros sin necesidad de hacer ajustes en el presupuesto ni tomar medidas impopulares.

¿En qué consiste el rollover?

«Se permite posponer la devolución de la deuda pública sin perjudicar a los inversores ni comprometer la calidad crediticia del país

Problemas a largo plazo

«En el periodo recesivo 2008-2014, la deuda española creció a una media anual de 9,27 % del PIB. Sin embargo, durante el ciclo expansivo posterior (2015-2019), esta se redujo solamente a una media anual de 1,04 % del PIB.»

Así, si los Estados pueden retrasar la cancelación de sus deudas, y además hacerlo a un coste mínimo, ¿cuál es el problema de esta estrategia entonces? En primer lugar, esta política rompe por completo el equilibrio a largo plazo que persigue el presupuesto cíclico. Recordemos que la idea es que los déficits públicos en años de crisis sean compensados con los superávits que se registran cuando la economía crece. Sin embargo, si los Gobiernos no aprovechan los años de crecimiento para desendeudarse y, en cambio, aumentan aún más el gasto, este mecanismo no puede funcionar.

Deuda pública en España, Italia, Irlanda y Países Bajos expresada en porcentaje del PIB durante el periodo 2000-2020

Grafica 1 Roll Over
Fuente: Eurostat.

Veamos un ejemplo muy reciente en la evolución de la deuda pública española. Como podemos observar, en el periodo recesivo 2008-2014 la deuda creció a una media anual de 9,27 % del PIB. Sin embargo, durante el ciclo expansivo posterior (2015-2019), esta se redujo solamente a una media anual de 1,04 % del PIB.

El motivo es que a partir de 2014, y viendo la impopularidad de las políticas de austeridad fiscal, los Gobiernos que se han sucedido en España decidieron aprovechar el crecimiento económico para volver a aumentar el gasto público. Al hacerlo, dejaron de lado el desendeudamiento y en su lugar siguieron confiando en mantener el rollover de la deuda, animados por unos tipos de interés cercanos a 0.

La gráfica nos enseña una evolución similar de la deuda en Italia, pero opuesta en Irlanda y los Países Bajos. En estos casos, sus Gobiernos sí aprovecharon la recuperación económica para reducir su volumen de deuda hasta niveles más sostenibles.

Como no podía ser de otra manera, el resultado es que ahora Italia y España atraviesan una nueva crisis económica con unos niveles de deuda pública muy superiores a los de 2008. Este es uno de los grandes peligros del rollover: puede utilizarse puntualmente en tiempos de crisis, pero si se recurre a él, también, cuando la coyuntura es favorable, existe la posibilidad de que el endeudamiento del Estado crezca indefinidamente. Cuando esto ocurre, vemos que la deuda aumenta durante las recesiones y se mantiene estable en las expansiones, pero nunca desciende de forma significativa.

Ahora bien, ¿cuál es el problema si la deuda sigue aumentando? Si existe la posibilidad de hacer rollover indefinidamente, ¿por qué es un problema que el nivel de deuda pública sobre el PIB siga creciendo?

Cuando la deuda pública crece demasiado

«Existe el peligro de que la solvencia del Estado no dependa de la disciplina de sus autoridades sino de factores exógenos como los tipos de interés

Vamos a intentar responder a estas preguntas volviendo al ejemplo anterior.

Supongamos que el país que emite bonos al 1 % quiere hacer rollover al cabo de 10 años, pero se encuentra con que en ese momento las condiciones de los mercados financieros han cambiado, los tipos de interés han subido y ahora debe colocar su deuda al 5 %. Si la deuda pública en ese país supone un 10 % del PIB, el gasto financiero adicional que debe afrontar el Estado sería de apenas el 0,4 % del PIB.

Supongamos, en cambio, que el volumen de deuda pública no es del 10 sino del 100 % del PIB, una cifra bastante habitual hoy en día. En ese caso, el aumento en los tipos de interés se traduciría en un coste adicional equivalente al 4 % del PIB, lo que sería suficiente para desequilibrar cualquier presupuesto.

Es evidente que en el primer caso, las finanzas públicas pueden resistir un aumento de los tipos de interés sin ningún problema. Sin embargo, en el segundo, una situación así puede desatar una crisis de deuda soberana. En otras palabras, cuando el nivel de deuda sobre el PIB es elevado, el Estado necesita tipos de interés bajos, porque solamente en esas condiciones es capaz de hacer rollover e impagar su deuda.

Se entra así en un callejón sin salida donde los Gobiernos tienen dos opciones: intentar desendeudarse o, por el contrario, seguir emitiendo deuda nueva para pagar la antigua.

La primera alternativa suele ser muy difícil cuando el volumen total de deuda es demasiado alto, porque, quizás, ni siquiera el Estado tenga el patrimonio suficiente como para garantizar su devolución. La segunda puede ser más factible a corto plazo, pero igualmente supone un coste añadido que suele ser compensado con medidas impopulares, como recortes del gasto o subidas de impuestos.

El peligro consiste, por tanto, en dejar que la solvencia del Estado no dependa de la disciplina fiscal de sus autoridades, sino de un factor exógeno como los tipos de interés en los mercados financieros internacionales. Factores que, además de cambiantes, en ocasiones pueden ser también impredecibles.

La cigarra y la hormiga

«Es, en otras palabras, la vieja historia de la cigarra y la hormiga llevada a nuestra economía global del siglo XXI.»

El caso de Estados Unidos que observamos en la gráfica que se muestra abajo puede ayudarnos a entender esta relación entre políticas públicas y tipos de interés. Si bien no podemos hablar de una correlación perfecta entre ambas variables, es evidente que el periodo de mayor endeudamiento del Gobierno federal (2007-2012) coincide, también, con la mayor caída de los tipos de interés pagados por los bonos del Tesoro a 10 años.

Evolución de la deuda pública y los tipos de interés en Estados Unidos en el periodo 2000-2020

Grafica 2 Roll Over

NOTA: La deuda pública está expresada en porcentaje del PIB (eje de la izquierda), mientras que para los tipos de interés se ha tomado como referencia el tipo medio anual pagado por los bonos del Tesoro a 10 años (eje de la derecha). Fuentes: Macrotrends y Trading Economics.

Podemos concluir, por tanto, que aunque no se trata del único factor en juego, unos tipos de interés bajos pueden animar a los Gobiernos a soportar mayores déficits y endeudarse con más facilidad. El problema es que, como hemos comentado, aumentar indefinidamente el volumen de deuda puede obligar a hacer rollover sobre ella en entornos futuros, donde los tipos de interés sean más elevados.

En este sentido, quizás sea interesante aprender la lección que nos enseñan Irlanda y los Países Bajos.

En ambos casos, se trata de países que no han renunciado al rollover para poder salir adelante en periodos de crisis, pero han vuelto a reducir su deuda en el momento que tuvieron la oportunidad. Los Países Bajos, gracias a ello, han podido afrontar la crisis del Covid-19 con un ratio de deuda pública sobre el PIB inferior al del año 2000.

En conclusión, podemos decir que el rollover puede ser un instrumento muy útil si se emplea junto al desendeudamiento y ambas políticas se complementan. Sin embargo, si se hace abuso de él para aplazar indefinidamente la reducción de los pasivos estatales, se corre el riesgo de entrar en una espiral de endeudamiento de la que puede ser muy difícil salir.

Podemos encontrar la clave de este dilema en la lección holandesa, que nos enseña la importancia de aplazar las deudas sólo en contexto de crisis, y devolverlas en cuanto la ocasión lo permita; aún a costa de grandes esfuerzos. Sacrificios muy duros y hasta impopulares, pero gracias a los cuales un país puede afrontar las recesiones sin ver desestabilizada su economía.

En otras palabras, la vieja historia de la cigarra y la hormiga llevada a nuestra economía global del siglo XXI.